Línea De Fuga 1

Roger Colom: No está mal eso de un solo poema-laberinto, obra obsesiva de toda una vida. Supongo que el último enlace conduciría al principio, al poema en sí. El laberinto siempre es autorreferencial (supongo que por eso le gustaban tanto a Borges), y la salida no tiene sentido, dentro de la lógica del laberinto. Es una especie de fórmula para cuando te canses o te llamen a comer. Así que el laberinto de verdad sólo lo es cuando es infinito. Lo del laberinto en línea recta, y esas cosas.

Tati Mancebo: Creo que no. Sabemos que ese sería el último pero nunca llegaría a concretarse porque el poeta debería morir antes.

RC:Bueno, pero un laberinto no tiene por qué ser infinito sólo en su creación. Puede crearse un laberinto muy breve que sea infinito, pero para el que llega después del inventor. El laberinto en línea recta tiene, a mi parecer dos versiones. Bueno, tres, porque para empezar, ya decir “laberinto en línea recta” es una especie de laberinto. Las otras dos: Supongamos que el laberinto es una línea recta infinita, ¿cómo sales, si no es recorriéndola hasta el final? Pero no tiene final. Ahora puedes abandonar la línea, pero eso no tiene gracia; para salir de un laberinto normal también podrías saltarte los muros y ya está…eso romper con la lógica del laberinto. La segunda versión sería que para recorrer el laberinto has de cortar la línea recta por la mitad. Supongamos que mide mil metros; pues te pones en la marca de los 500 metros y ya has recorrido el primer tramo. Luego te pones en la de 250 metros. Nunca terminas de cortarlo por la mitad. Una cuarta versión, que se me acaba de ocurrir, sería un laberinto en línea recta que es un texto. ¿Cuando lees un libro, no te pierdes en él? ¿Y no es lineal?

TM: Claro que te pierdes en el libro. Es tremendo. Cuando era pequeña me preguntaba cómo se las arreglaban los autores de los libros de Los cinco, Los Hollister, Guillermo el travieso y Puck, que fueron mis primeras lecturas después de los comics, para elegir los elementos clave entre todas las ramificaciones posibles, que nos llevarían al texto infinito -en este caso prosa- para contar una historia y que esta funcionase; o lo que es lo mismo, cómo harían para descartar todos los acontecimientos y descripciones superfluos que hacían que el relato pormenorizado se convirtiese en ficción literaria. Me preguntaba, por ejemplo, por qué a veces me contaban que comían pastel de carne y bebían cerveza de jenjibre y otras veces ni se aludía al hecho de comer. Pensaba que existiría un número limitado de técnicas que eran las que covertían la escritura en oficio y que sería el acceso a tales fórmulas uno de los misterios que se me revelaría con la edad adulta; pero continó haciéndome la misma pregunta y maravillándome ante las historias bien contadas, en las que tanto peso tiene lo que se cuenta como lo que no y drogándome vertiginosamente con la lectura entre líneas.

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